Asharah - Versión Heroica - Edición Cumpleaños

Una Heroína / Guerrera / Bruja que se puede personalizar para ejércitos de Vampiros, Elfos Oscuros, Caóticos y otras fuerzas maléficas.

La caja contiene 7 accesorios:

  • 4 Armas (Espada larga, Bastón de Mago, Libro de Hechizos, Escudo).
  • 3 Cabezas (Vampiro, Elfo Oscuro, Caso caótico).
    • Escala heroica en 28 mm.
    • Peana cuadrada de 20 mm.
    • Disponible en metal blanco.
    • 28 mm. del talón a los ojos.
    • 35 mm. desde los pies hasta los ojos (sus grandes tacones le obligan a marchar de puntillas)
     

    Diseñado por Benoit Guerville. Esculpida por Fausto Gutiérrez López (Yedharo Models). Pintado por minivince (Team Toulouse).
    Una versión CF de Asharah está también disponible.

    "¿Rendirse?¡Someterse! ¿Esa gentilla quiere insultarme? ¿No tienen etiqueta?"

    La mujer se levantó de repente en un estruendo choque de metal.
    Su armadura ajustada lucía como un guante brillante de bronce en un cuerpo tan perfecto que parecía irreal.
    Todo en ella parecía irreal.

    Como esos tacones de acero, de modo tan vertiginoso que parecía imposible esperar hacer un solo paso y aún menos pelear con tales botas. O como ese alto sombrero adornado con grandes cuernos de bronce demasiado pesados para una cabeza tan delicada. Todo le daba una presencia magnética, casi dolorosa tan inmensa era.

    Demasiado hermosa, demasiado grande, demasiado poderosa. Asharah, una reina directamente salida de los infiernos. A su alrededor, nada más que soldados de élite; la vanguardia de su gigantesco ejército, lista para la batalla, esperaba su voluntad.

    Su mente parecía acostumbrarse a la extrañeza de la noticia y empezaba a medir todas las consecuencias, hundiéndola en un estupor cada vez mayor.

    "¡¿Rendirse ?!... ¿Quieren... someterse? ¿Ni siquiera una batalla?"

    El mensajero asintió con la cabeza sin atreverse a pronunciar una palabra.

    Durante un momento, se quedó sin habla. El silencio pareció durar una eternidad. A pesar de doscientos guerreros armados que le rodeaban en ese momento, a pesar de las monstruosas bestias de carga, el acero y el alcohol que corría libremente, nada, ni un sonido, ni un aliento. Incluso el crepitar del fuego parecía haber disminuido.

    De repente, más rápido que una serpiente, dio media vuelta. En un instante fue cara a cara con uno de sus consejeros, los ojos clavados en los suyos.
    Su acción fue tan rápida, tan repentina que el mensajero se sintió sumergido por una náusea, como si algo en el espacio y el tiempo se hubiera torcido de manera abyecta.

    El consejero era una montaña de músculos, acorazado de cuchillos de acero afilados y de cicatrices. Cabezas recién cortadas adornaban su cinturón. Un monstruo de guerra. Superaba Asharah de dos largas cabeceras.
    Frente a ella, parecía ser un niño. Silencio.

    La verdad en toda su importancia parecía finalmente imponerse.

    "Quieren rendirse ... ¿Por qué? ¿Por qué nadie quiere jugar conmigo?"

    El consejero miró hacia abajo. Un momento, su barbilla pareció temblar.
    "No puedo... entender", dijo el hombre en voz baja.

    Asharah alzó una ceja.
    "Se dice 'no entiendo', Xiagan. Sabes que odio que se destroze el lenguaje de estas personas. Odio que se hable cualquier idioma de manera poco elegante. ¡Qué molestia! Nosotros quien hemos aprendido su lengua para decirles de manera muy cortés nuestra intención de arrasar su ciudad, y aquí es como nos agradecen... "

    Volivió a dar media vuelta tan repentinamente como antes para gritar hacia la llanura donde estaba el mensajero.
    "¡Bastardos impotentes! ¡¡Meo en tu puta madre, escupo en la boca de tus antepasados, todos, son un montón de estiércol podrido!! "

    Como sorprendida por su arrebato, Asharah lanzó una rápida mirada de reojo hacia sus tropas trás ella, tomó con sus dos manos la parte superior de su corsé de metal para reajustar su pecho, luego, paulatinamente se volvió hacia su ejércitillo.

    Todos la miraban, inmóviles. Hermosos, seductores, venenosos, terribles.

    "Mis amigos, nuestros oponentes nos niegan la alegría de luchar. No nos rebajaremos a bailar con ellos, a reír y cantar la alegría del combate con los adversarios que ya han perdido. Pero da igual marcharemos. Les reservo otros placeres... "

    Una llama iluminaba de nuevo sus ojos. Dio una palmada, en seguida un inmenso estandarte llenó el cielo. Debajo de la bandera había dos hermosas mujeres enteramente desnudas. Junto a ellas, una masa de carne coronada por un querubín deforme que avanzaba en primera línea.
    Caminando hacia ellos, ella murmuró para sí misma : "Mis niños, afortunadamente, están cerca de mí ..."





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